“Hágame el favor y bájele al tonito”


Cuenta la leyenda que hace unos años, las mamás podían paralizarte con una sola frase: “hágame el favor y bájele al tonito” y hasta ahí llegaba uno con su rebeldía y sus ganas de ser adolescente con ínfulas de adulto.


El problema, en mi opinión, es que ya somos adultos y bajamos demasiado el tonito. Nos acostumbramos a quedarnos más callados de lo que deberíamos, (aunque eso no quiere decir que no tengamos que cerrar la boca cuando nuestra opinión solo tiene el fin de destruir y no va a generar nada positivo), a mentir para “no lastimar” y a esperar que todo el mundo nos diga las cosas pasito, que no duelan, con mucho adorno porque nos “delicamos”. Nos volvimos “víctimas” de esa dizque “mala suerte” y se nos olvidó, o por lo menos a mí, se me olvidó en su momento, que la vida es un poquito más cruel y que no es tan perfecta y tan “piece of cake” como me la pintaron en el colegio de monjas. Una vida donde todo era cómo lo imaginábamos, que todo lo que planeáramos iba a salir perfecto, lindo, hermoso y casi que, sin tropiezo alguno, porque éramos nosotras y todo se nos iba a poner a los pies. Qué inocentes e ilusas éramos –

Y saber que TODO puede salirse de control, resultar totalmente al contrario de cómo lo planeamos, además de volvernos una mierda, como daño colateral. Pero, los logros con pinta eterna de fracasos, son lo que más llenan el alma, y la recompensa más satisfactoria es que aquella que ha requerido sacrificio, sudor, lágrimas y todo tu esfuerzo y energía.

En mi caso, ese primer portazo en la cara lo recibí rapidito: niña de colegio privado estrato 8, en su primer semestre y a mucho honor en una Universidad Pública - Universidad Nacional de Colombia, (me gané una beca y era la única que tenía mi carrera), un mundo más libre, más real, más yo, pero totalmente diferente a la burbuja en la que vivía en el colegio. Allí, en un salón que tenía más estudiantes que las 90 que se graduaron conmigo, yo, que era dizque buena estudiante con aspiraciones a ser ingeniera, entré a una clase en la que no entendí ni forro, el primer parcial de matemáticas BÁSICAS me lo tiré en 1 (casi me muero jajaja) , ¡ah! y en mi cerebro, Geometría Vectorial, era más difícil que intentar entender DARK y organizar ese árbol genealógico donde la hija es la mamá de la misma hija jajajaja.

Pero ahora, unos añitos después, comprendí que al contrario de lo que pensamos, las frustraciones nos enseñan mucho, y entre más rápido pasemos por ellas y las aceptemos sin resistirnos, pues más rápido lloramos, pataleamos y, ¡por supuesto!, más rápido las superamos. Yo entendí, a los portazos claro está, que la vida es un poquito más dura de lo que estar en el colegio parecía… y ¿saben qué? Aprendí a ser fuerte, a soportar uno que otro golpe, a incomodarme y, sobre todo, aprendí a subir un poquito el tonito, a decir las cosas con menos filtro, a tolerar la incomodidad de pasar penas por imprudente, por decir la verdad, por hablar duro, o por decir hijueputa más seguido de lo que una “niña tan bonita como yo” debería decir (lo siento mami, esto es lo que hay).

¡Ay! y enserio, decir hijueputa o cualquiera de sus derivados, no me hace menos linda, inteligente, decente o buena persona, así que dejen de decir “¿por esa boquita toma leche?”, “¿usted tan linda y con ese vocabulario?” ¡siiii y quee!!

Bájele al tonito, es todo lo contrario a su nombre. Busca hablar de eso que a veces no nos gusta escuchar, porque ¡ouch!, las verdades no siempre son amigables, pero en el largo plazo, duelen menos que vivir en un mundo de mentiras. Sin embargo, mis querid@s esperancit@, hay que aprender a decir las cosas, porque se pueden ganar un par de madrazos o muchos dolores de cabeza… no sean como yo, que aprendí a los golpes.


Subamos el tonito, hablemos de esas cosas que no se dicen duro por miedo, de eso que depronto, tanto a mi como a ustedes, nos ha hecho sentir reprimid@s, juzgad@s, aburrid@s donde estamos y con lo que hacemos. Digamos lo que no nos gusta o nos incomoda, dejemos el miedo de ir contra la corriente,

- Los ríos no tendrían la magia que tienen si no hubiera piedras por ahí en medio de su recorrido, haciendo remolinos, surcos, charcos, y dándole ese toque especial que lo hace un río: agua fresquita que fluye contra todo y que casi nunca te cansas de mirar -.

Mi propuesta…bájemosle al tonito pero a esas voces - internas o externas - que nos llenan de inseguridad, miedos, prejuicios, etc. y subámosle todo el jodido volúmen a nuestra intuición, a esa voz que nos dice, "saca tu marca", "renuncia a ese trabajo aburrido", "escribe ese libro", "alejáte del tóxico(a)", "vete a viajar sin tiquete de regreso", "lárgate a estudiar a otro país", "haz lo que te apasiona" o simplemente nos pide a gritos “¡¡sé feliz de una puta vez!!”

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