¿Y la culpa es de quien?... ¡Pues de fulanito!

¡Holiii! Otra vez yo posiblemente a punto de tocar fibras densas. Peeero, cómo saben, este espacio es para hablar de lo que nos hacemos los pendejos mientras vamos por ahí, viendo cómo nos pasa la vida sin ser conscientes de tantas cosas que determinan nuestra realidad.


Lo cierto es que entre esas muchas cosas que nos joden, nos hacen la vida y los días más complicados, es la incapacidad que tenemos muchos para aceptar, con relativa facilidad, que la cagamos, que nos equivocamos y que esa cagada, a parte de la tensión que en sí genera cometer errores, no es más que una enseñanza, un paso más para evolucionar, para aprender y ser mejores cada día.


Contrario a esto, lo que sí hacemos con mucha facilidad es llenarnos de excusas, hacernos los guevones sobre la responsabilidad que cada uno tiene sobre sus actos y las consecuencias de las mismas. Empezamos con una lora de justificaciones de primera categoría o a culpar a Fulanito (Pregunta seria ¿de dónde salió Fulanito?) o que peranito, que esperancita, que el vecino, que el clima, que la suegra, que las esferas del dragón, que los chakras, que el universo contra ti, que la mala suerte, etc., etc., etc. Y al final, según uno, todo el hijueputa mundo tiene la culpa de lo que nos pasa, menos uno. Siempre hay una excusa. Siempre hay una justificación. Hiere el ego aceptar que no somos perfectos. Nos arde la existencia asimilar el simple y mero hecho de que somos humanos, que no nacimos aprendidos, que la cagamos, y que rapidito hay que aceptarlo y buscar la manera de no quedarnos ahí y mejorar.

Esto me recuerda una frase de Carlos Ruiz Zafón que decía: "un hombre puede perdonarlo todo, menos que le digan la verdad”
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Lo bueno de todo esto, es que, con un poquito de consciencia, aceptación y madurez, se puede ir cambiando.


Ahora, ¿Quién soy yo para decir esto? Pues, efectivamente, no soy nadie. Es más, tengo una lista considerable de personas muy cercanas que si leen esto pensarán “¿Y esta loca de que putas está hablando si vive en esas?”. Y sí, es verdad. En efecto, para mí, por mi personalidad y la educación que recibí, el cometer un error, cagarla en pequeño o en grande, hacer algo mal, es cómo una especie de apocalipsis. Donde sentía (ya no tanto, ya me relajé mucho) que equivocarme, me quitaba valor cómo persona, me vulneraba, me hacía menos inteligente, agradable, sociable etc., y por eso, me volví una experta en encontrar justificaciones para todo lo que hacía mal. ¿Aceptar un error?, ¿qué es eso? ¡Primero muerta!


¿Suena denso y cruel conmigo?, ¡si!, un poquito, y ni les digo cómo ha sido el proceso de aceptarlo hasta poder escribir estas líneas en paz. Ha sido duro, de mucha consciencia, de muchas discusiones innecesarias, de tragarme mucho el ego, de aceptar que era la puta ama de las excusas y asimilar que, lo malo NO es cometer el error - aunque cagarla se siente una mierda y haya errores que sus consecuencias sean “pior”-, lo malo, es quedarse ahí, patinando en lo mismo, creyendo que vamos a ser mejores si nos hacemos los pendejos y miramos para otro lado... ¿What?, ¡eso no es conmigo, eso es culpa de fulanito!


Hoy en día entiendo mejor que los errores tienen un buen propósito: Nos demuestra que es la experiencia, el trabajo y la disciplina lo que determina el éxito en algo. Que es el "ensayo y error" lo que casi siempre nos ayuda más a crecer y fortalecernos, aprendiendo de esos errores, diciendo si cuando debe ser no, no cuando es , hablando cuando hay que cerrar la boca y quedándose callado cuando hay que hablar, entre otras muchas formas de cagarla.

Peeero, la realidad es que no es taaan fácil hacerlo. El tema de aceptar de manera proactiva y no reactiva los errores es muy complejo. Tiene un montón de componentes y variantes determinantes que hace que para algunos sea mucho más tedioso que para otros aceptar los errores. Entre ellas, nuestra personalidad y el tipo de mentalidad que tenemos.

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¿Mentalidad? Si. Les explico por qué. Hace poco empecé a leer el libro Mindset de Carol Dweck. Una psicóloga, escritora best seller, conferencista e investigadora, muy tesa y reconocida. En su libro habla de que tenemos 2 tipos de mentalidades: La mentalidad de crecimiento y la Mentalidad fija. Las personas más orientadas la primera, creen que el éxito y los talentos se desarrollan y que la disciplina, la constancia en el tiempo y el esfuerzo son los que permiten a una persona desarrollar cierto talentos y volverse extraordinaria. En mis palabras, es atreverse a vivir así la vaya a embarrar, aprender de eso y mejorarlo día a día hasta que seas el putas en lo que haces. Por otro lado, las personas orientadas a la segunda creen que los talentos, la inteligencia y las habilidades son fijas, innatas, se nace con ellas y pues si no las tienes, no es posible adquirirlas, cambiarlas o mejorarlas.


A las personas de mentalidad fija, les dá PANICO equivocarse, porque no quieren sentirse inferiores. Están muy orientados al logro y a evitar a toda costa poner en duda sus “talentos u habilidades” por lo que se vuelve un círculo vicioso que no les permite avanzar. Creen que si se equivocan pierden su valor cómo personas.


Según la autora, todos tenemos un poco de ambas mentalidades. La inclinación hacia una u otra es lo que determina tu reacción frente a las diferentes situaciones, obstáculos y cagadas de tu vida, y lo que puedes sacar de ello y decidir si estancarte o llegar más lejos. ¿Ya le ven algo de relación?


Teniendo en cuenta esto, las equivocaciones en una mentalidad de crecimiento significan única y exclusivamente oportunidades de mejora, no se asocian con el valor de cada persona, no determinan tu capacidad ni talento. Mientras que, para personas con mentalidad fija, un error puede significar paralización, por miedo a sentir que eres menos o que definitivamente no eres bueno para algo solo por el resultado. Su reacción casi siempre es quedarse en donde saben que si pueden hacer las cosas bien. Se estancan y no avanzan, porque prefieren no poner en riego lo que ya ganaron.

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Lastimosamente este tipo de mentalidades las vamos consolidando desde niños. Solo hay que acordarnos del colegio, donde a la mayoría, nos midieron por el desempeño en notas, tareas y exámenes. Si sacabas una mala nota en matemáticas, entonces no eras, ni serás bueno para ellas, te regañaban en tu casa y entonces empezábamos a esconder exámenes malos y a crear un miedo absurdo a sacar una mala nota, a cohibir talentos y sobre todo a mentir y justificarnos cada que del colegio no tenían buenas noticias.


Para muchos de nosotros, cagarla significa que no somos buenos para eso en lo que nos equivocamos o queremos empezar. Nos paralizamos y hasta ahí nos llega el impulso de hacer algo nuevo. No pensamos que esa embarrada puede ser simplemente un gran aprendizaje, una puerta de entrada a seguir perfeccionando algo y lograr con esfuerzo y dedicación mejorar ese punto específico.

Nadie nació aprendido, ni usted, ni yo, ni Michael Jordan, ni ninguno de los genios que han pasado por este mundo. Sin embargo, ellos tienen o tuvieron una particularidad: aceptaban el error como camino a la genialidad, más que el talento mismo"

Tal vez, si tomáramos de mejor manera nuestras cagadas, aceptáramos con mayor facilidad los errores que cometemos, y en vez de estar de excusa en excusa, justifique y justifique el porqué hicimos esto o aquello, y lográramos interiorizarlos, aceptarlos y comprometernos a mejorarlos, estaríamos menos a la defensiva, quizá nos comunicaríamos mucho mejor, y habría, seguramente, menos personas tóxicas y conflictivas en el mundo jajaja (ups, se tenía que decir....)


Para mi desgracia y de las personas que esto les haya calado un poquito, o al menos generado curiosidad, no tengo una respuesta concreta en el "cómo lograrlo". Es más, creo que aún me llevo la corona para las excusas y las justificaciones, pero he aprendido a soltar el miedo al fracaso y ser muy consciente de lo que pasa en mi cerebro cada vez que la cago - en esas vivo, ¡porque ajá! Pa’ eso es vivir, pa actuar, cagarla, aprender y repetir -, y así evitar de manera consciente buscar excusas y justificarme – ¿que si duele en el ego? ¡como un hijueputa!. Ustedes no saben lo que para mí significa bajar las manos y decir, "bueno ya, ¡sí! fue mi error, ¡lo siento! y lo mejoro" (o lo intento). Pero me he dado cuenta que, desde que lo hago, peleo menos, sufro menos, tengo relaciones más tranquilas, avanzo más y soy más feliz. O sea que sí, si vale la pena el dolor de Ego.


Mi único consejo: lean ese libro y háganse conscientes de sus formas de reaccionar frente a sus cagadas, pero desde la posición de entender que no necesariamente cagarla tiene que ser malo a largo plazo y entender que casi que la mayoría de las veces son oportunidades de mejora latentes para que sea más feliz, viva mejor y más tranquilo.


Dicho esto, ¡vaya vivan, equivóquense, aprendan de eso y sigan viviendo! Nunca nadie es la misma persona desde que acepta un error conscientemente, lo interioriza, y hace algo pa’ cambiarlo.


Baaaii.

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