Las opiniones: El trapito sucio que muchos no lavan


Para empezar, y saliéndome de cualquier intento de ser un relato inspirador, asertivo y válido, tengo que aceptar que, para mí, escribir sobre esta vuelta es la madre de todas las incoherencias. No solo por lo mucho que me han definido las opiniones de los demás a lo largo de mi vida, sino también porque esa fue precisamente la razón por la cual, después de haber empezado con este blog, algo que realmente me apasiona y me gusta, dejé de escribir, de crear contenido y le saqué todas las excusas, peros y “faltas de tiempo posible” para no volver a hacerlo por una única razon: FÍSICO MIEDO.


Es más, debo confesar que, para escribir el párrafo anterior, necesité 1 hora, porque mi cerebro buscó una y otra vez interrupciones - reales o inventadas - para que no lo hiciera. ¿Por qué? Porque estoy cagada del susto, porque las opiniones y las críticas sobre lo que realmente me importa, me pesan un montón, y aunque mucha gente te diga, - Mka pero es que no te tiene por qué importar la opinión de otro -, quienes han sufrido de lo mismo y saben cuánto puede llegar a pesar, me darán la razón cuando les digo que es muuuy jodido y no es tan fácil decir: me importa un carajo lo que digan. Sin embargo, se puede lograr, se puede llegar al punto de mandar por la borda las opiniones de todo el mundo. No siempre sales intacto, sin raspones, o sin perder personas, pero el resultado vale la pena.

Cabe aclarar que cuando empecé bajo el tapete, me creía invencible, diciendo que me importaba un culo lo que dijeran de mi o las críticas que me hicieran. Y pues no. Me di cuenta que era pura mierda jajaja, porque a las malas me tocó aceptar que si me importa y de hecho, me importó tanto que me paralicé, me paniqueé al punto de dejar esto empezado y a medias, algo que de por sí tiendo a criticar bastante (puta incoherencia jajaja)


Por eso, después de hacerme un mega lavado cerebral con libros, podcast, regaños de mi novio, citas con mi psicólogo y demás, aquí estoy de nuevo, tratando de poner en letras coherentes lo que he aprendido de las opiniones, del qué dirán, y de cómo lidiar con ellas.


Volviendo a mis metáforas, que son la forma más fácil que encuentro de asociar y hacerme entender, entendí que las opiniones, son como ese trapo de la casa, pero no el limpio, ¡el sucio!, el que huele a mierda y aun así, a veces lo usamos sin lavarlo para limpiar una mesa, que finalmente quedará oliendo a huevo podrido. Entonces, ¿Adivinen quién es la mesa oliendo a mierda? ¡Pues uno! que por no aprender a filtrar y gestionar esos comentarios (lavar el trapo), queda maluco, indispuesto, aburrido, y demás sensaciones peyes que deja a su paso una “limpiadita” con un trapo sucio. Con un montón de dudas nuevas, pero innecesarias de si lo que uno está haciendo, le va a gustar o no a la gente (error # 1), si hiciste algo bien o mal ¿Para quién o según quién?, con un miedo paralizante, además de esa sensación de querer salir corriendo y no volver a intentarlo jamás.


¿Y el trapo? pues fácil. Son esas personas, en su gran mayoría muy cercanas (no debería ser así pero es la cruda verdad), que, aunque creen que están ayudando a “limpiar” que dizque porque te "quieren ayudar", se dedican a criticar y dar opiniones que nadie les ha pedido, convencidos de que están en todo su derecho de opinar sólo porque dizque te quieren. Opiniones que al final no son ni consejos, ni críticas constructivas, ni nada bueno (uno sabe cuándo realmente le están diciendo algo para mejorar), son puro y físico trapo sucio con “olor a huevo podrido” restregándoselo en su mesa.



Cuando entendí un poco mejor esta metáfora, empecé a comprender que esa sensación tan humana, pero tan pendeja, de pretender agradarle a todo el mundo, hacer o dejar de hacer cosas por lo que otros digan de vos, es la guevonada más grande del planeta. Y no se los digo desde una posición de intocable y de quién dice que las opiniones no le importan, sino desde la perspectiva de alguien que ha sufrido mucho <<innecesariamente>> por esta mierda, y que ha dejado de hacer mucho, ¡demasiado!, más de lo que ustedes se alcanzan a imaginar, por esa puta voz en mi cabeza que me pregunta ¿uy pero que dirá fulanito, peranito, esperancita y fidelina de esto?


No voy a ser esta vez la persona que les diga, cómo me lo han dicho a mi tantas veces las personas que saben lo que me pesa este tema "vea es que es muy fácil, a usted no le tiene que importar lo que los otros digan, es que ellos no viven por usted". Y sí, ¡Jueputa! Tienen razón, toooodos tienen razón, pero vaya aplíquelas pues. Vaya y cómase el mundo y explote sus talentos sin un solo gramo de miedo a las opiniones. Vaya y haga lo que su alma le dice, incluso si es en contra de la corriente, sin miedo a ser criticado, bajoneado o paralizado por esas opiniones. ¡No!, no es tan fácil, pero no es imposible. Y si yo estoy aquí escribiendo, es porque el lavado de cabeza sirvió pa’ darme cuenta de que puede vencerse, poco a poco, hasta que llegues de nuevo a coger el camino indicado(me costó más de 6 meses volver a escribir), aunque la gente siga hablando. Aprendes a seguir, a volverte un Sordo idiota selectivo que DECIDE “no entender” e ignorar lo que sabes que realmente no te aporta y sigues adelante.


En su lugar, les dejo 3 ideas de todo lo que pude leer y aprender sobre las opiniones de otros, el que dirán y las expectativas que me ayudó a entender y a minimizar su efecto asquerosamente paralizador:

  1. No vas a agradarle a todo el mundo: Está científicamente cuantificado. John F. Kennedy decía que que al menos a un 20% de todas las personas que conoces, no les va a gustar lo que haces, hagas lo que hagas. Por eso tampoco les gustará, cómo lo haces, lo que eres, cómo hablas, etc. Entonces, pues si ya de entrada somos conscientes que hagamos lo que hagamos, NO LE VAMOS A CAER BIEN NI A GUSTAR A TODO EL HIJUEPUTA MUNDO, empiezas a asumir un poco mejor esos votos en contra, a entender que es parte de la ecuación, teniendo en cuenta que cada persona busca cosas diferentes y lo que para ti puede estar bien, para otro puede estar mal y ninguno de los dos está equivocado. Es sólo cuestión de perspectiva. Pero su punto de vista no es el tuyo, no es como tú quieres vivir tu vida, no eres TU. "Lo que los demás opinen de ti, no es asunto tuyo”

  2. No te tomes personal las críticas de otros, no son hacía ti, son hacia ellos mismos: Meditar y adentrarme en mis mierdas y demonios, me ha permitido darme cuenta de que, casi en un 95% de la veces, lo que criticamos de otros, es lo que nos jode a nosotros por dentro (y no me venga a decir que nunca en su vida ha criticado a algo o alguien o ha dado una opinión que ni siquiera le pidieron. ¡a dárselas de sant@ en otro lado pues!). A veces lo hacemos desde lo que nos hace falta pero esa persona tiene o hace y nos genera rabia, malestar y hasta envidia; otras veces, esa persona nos recuerda lo que no soportamos de nosotros mismos. De una forma u otra, aunque la crítica llegue “hacia ti” esa mierda no es a título personal tuyo, son vueltas de los otros que lo reflejan contigo. Entonces déjalas ir.

  3. El problema no es lo que haces, sino las expectativas que tienen otros sobre ti: Después de darme mucho palo, entendí que hay que aprender a decepcionar las expectativas que los demás ponen sobre uno, de una forma sana y consciente. Me di cuenta que muchas de las cárceles personales en las que vivimos, van ligadas hacer lo imposible por no decepcionar esas expectativas impuestas por la cultura, la sociedad, la familia o todas juntas, ¡qué gonorrea!. Diciéndote que debes ser así o asá y pues NOO. Uno es cómo a uno se le dé la gana de ser , trabaja en lo que uno quiere y cómo quiere, escoge su pareja basando en lo que lo hace feliz a usted no a otros, por poner algunos ejemplos. Por eso, cuando de entrada aceptamos que nuestras decisiones tienen una probabilidad significativa de decepcionar ya sea al papá, la mamá, la tía, el amigo, la cultura, la sociedad, o el que sea, el duelo es más fácil de hacer y aceptas que por más que a ellos "les duela", no es su vida, es la tuya y las consecuencias de tus decisiones las vas a vivir o sufrir tu, no ellos.

Lo anterior no son los principios del éxito, ni la piedra angular de una vida feliz. Son las cosas que a una simple mortal como a mí, me han funcionado para irme quitando poco a poco ese peso de encima, qué créanme me ha pesado mucho y por muchos años. ­­­­­­

Por mi lado, y después de semejante proceso de negación, evasión y aceptación. Después de haberme puesto tantos límites y barreras mentales por el miedo y después de darme tanto palo preguntándome “¿Qué hubiera pasado si en vez de haberme dejado ganar por el miedo, hubiera seguido escribiendo un blog que en el primer mes tuvo más de 500 visitas con sólo 5 entradas?”, decidí volver a empezar. Decidí volver a escribir, dando por hecho que me van a criticar, que a mucha gente no le va a gustar, que me van a encontrar errores, y que van a decir que es una estupidez. Asegurando desde ya que me van a pegar duro esos comentarios, que me va a dar un susto el hijueputa cada que publique algo y que voy a querer abandonar otra vez (es lo que hace el miedo). Pero esta vez no voy a parar, porque me hice la promesa de no darle gusto a mi ego y miedos más jodidos de alejarme de hacer algo que disfruto cómo no se imaginan. Voy a seguir, cagada del susto y todo, porque éste blog tiene un propósito mayor: servir, ayudar, inspirar, motivar. No para que digan algo de mí, bueno o malo, sino porque creo firmemente que a alguna persona, mis palabras pueden llegarle en el momento preciso para ayudarlo a tomar sus propias decisiones, ver y hacer su vida diferente, y esa es la persona que realmente me importa, por la que vale la pena el susto, no el/la otr@ pendej@ que no sabe que más hacer con su vida que criticar.


Y para terminar, desde mi experiencia les digo que las críticas y opiniones, al igual que un trapo sucio, huelen a mierda. Son peligrosas, son jodidamente destructivas, mata sueños, esconde talentos y no nos vamos a librar de ellas fácilmente, o ¿hasta cuántas veces le ha tocado lavar un trapo que esté oliendo a demonio? Pero, así como el trapo, usted tiene la decisión de lavarlo, incluso de botarlo, pero sobretodo de asegurarse que sabe y es consciente con qué limpia su mesa y hacer todo lo posible para que siempre huela a lo que a usted le gusta. Porque es SU mesa, es SU vida, no la de los otros.



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