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El monstruo bajo la cama

Vamos para septiembre, el mes desde en el que ya se siente diciembre, según Olímpica Stereo. Yo, por mi parte aabo de llegar de un viaje hermoso e inesperado a Estados Unidos con mi mamá y mi hermano, y en en el que una vez más durante este año, logré bajarle dos rayitas y me permití fluir y vivirlo más tranqui. Sin embargo, a pesar de sentirme profundamente agradecida, aparece la culpa. Seguro la conocen. Una loca fastidiosa que, en mi caso toca la puerta de un “apuntó de dormir” para traerme una caja llena de pendejadas que Merlina, la parte oscura de mi, la perfeccionista, intransigente, autocrítica en exceso, con bastantes vacíos y necesidad de aprobación externa, terror al error, con temas densos de autoestima y dependencia disfrazada de independencia, no quiere en su casa y me pide que haga algo al respecto.

Y la caja que me trajo ¡ES LA CAJA! y viene llena de culpas.

Culpa de haberme relajado, de no haber elegido mucho “mejor” más veces, de haber disfrutado cosas “socialmente malas”, como no hacer nada, trabajar a medias algunos días y no ser tan tan tan disciplinada con mi entrenamiento, ni con mi alimentación este año, aunque de por si muy saludable. Culpa de decir no a ciertas cosas o personas. Culpa de escuchar mi cuerpo, decirme si a mi y a la flojera que a veces me invade. Culpa de elegir descansar y dormir más en vez de ser más estricta conmigo misma como “debería” porque -¿qué ejemplo vas a dar así? - dice ella.


Culpa de no estar en el nivel que “quería” o se me exige implícitamente en este mundo fit - según Ella. Culpa de sentir que “perdí” el trabajo, que mi voluntad y disciplina son un “chiste”. Culpa de escucharme, de elegir mas yoga porque, según dice ella, no es lo suficientemente “fuerte” o “demandante”, aunque dudo que sepa que estar presente es de lo más difícil que hay, o de bajarle a la autoexigencia como creencia de que si no es al 2000% no sirve. Y sobretodo culpa de ser coherente y de no mostrar la aparente verdad de la vida fit, porque es lo que vende.


¿Ahhh? ¿q tal esta señora care loca? llegó hoy con todo su arsenal y viene a destruirme.


Pero entonces recuerdo (porque la terapia me ha ayudado a refrescar racionalmente la memoria)...


Recuerdo que el perfeccionismo, y la autoexigencia patológica que tanto sufrimiento me ha traído es diferente a la excelencia humana. Recuerdo aquella frase que leí muy oportunamente que decía:

"La disciplina, no la sana que eliges desde amor y la compasión contigo, sino la tóxica que eliges desde el miedo, nos hace esclavos de nosotros mismos, y se vuelve nuestra propia cárcel"

Recuerdo que si, quizás este año perdí un poquito de algo que ya se como conseguir y lograr: un cuerpo, una rutina, un estilo de vida, que amo y disfruto porque me hace bien cuidarme, pero que gané mucho de algo que me ha costado una vida entera lograr: permitirme ser más humana, más normal, más del común por unos días y lidiar y enfrentar el miedo a sentirme mediocre, corriente, cómoda en la incomodidad de vivir sin tanto afán, sin nada “extraordinario” que mostrar, sin hacer nada para recibir aprobación de afuera, porque la propia pocas veces me la doy en esa carrera ridícula de nunca sentirme conforme y feliz con quien soy y hago.


Recuerdo que de 100 veces en las que una pequeña voz de “impostora” me quita la seguridad en mi misma y le quita voz a la poca intuición que he logrado aprender a desarrollar, tengo 100 oportunidades para ignorarla y creer en mi.


Y aunque no debería importarme, pero me importa, me permito también recordarme a mi misma, las tantísimas veces que personas a mi alrededor que me aman, me cuidan y me ven de una forma mas compasiva que de lo que me veo yo, me aplauden en general mi disciplina, voluntad, perseverancia, entrega, valentía, fuerza. Aún así esa parte oscura de mi crea estar viviendo sus días más “mediocres”.

Sin embargo, tengo que ser clara con algo: hay una delgada línea con el positivismo tóxico, ese que alimenta la falta de auto-responsabilidad y de hacerse cargo de sus vainas, e ir por la vida justificando y poniendo excusas para no tener la valentía de enfrentar nuestros demonios e incomodarnos para evolucionar: Esa vuelta si no la toleró y me parece cobarde.

El punto es que, por paradójico que parezca, lo que para muchos en la zona de comfort, es decir “no ser súper en todo” para la mente de un(a) perfeccionista y autoexigente obsesivo(a), ósea la mía, es el peligro absoluto. La zona de todas las posibles ansiedades. El miedo terrible y sin sentido del error, de no hacerlo lo suficientemente bien en esa comparación desgastante, destructiva y sin sentido con otros.


Es entonces así, que siendo la 1:30 am, tomo aquella caja, le meto ademas las pendejadas con las mi otra yo que intenta llenar mi cabeza y el estómago de vació, la cierro y la devuelvo, para que ella se encarte con sus creaciones, mientras se revuelca de la rabia, en su espacio cada vez más pequeño. Y con todas las fuerzas de mi consciencia, me recuerdo y te recuerdo (si eres quien lo necesita leer) que ser “mediocre” unos días no te hace mediocre en realidad.

Por el contrario. Te hace increíblemente valiente. ¿Sabes por qué? porque estás ahí, agarrad@ de tu almohada, asomando tu cabeza debajo de la cama y dándole la cara a ese monstruo que tanto has evitado mirar a los ojos: el miedo a no hacer para valer, porque te creíste la idea de que tu valor depende de lo que haces y no de lo que eres. Y no hay mayor mentira que esa. El monstruo bajo la cama NO EXISTE…

Entonces puedes cerrar tus ojos dormir tranquil@,


Con empatía para con nuestra propia humanidad, Ani.

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