Por un 2021 de mejores polvos - Parte 2

¡Buenaaaaaas! caballeras y caballeros. Seguimos esta semana con la segunda parte de este blog. Si depronto llegó hasta aquí sin leer la primera parte, puede leerla para que se contextualice y entienda por qué escribí esto. Sin embargo, por si sólo contiene info que le puede interesar, al profundizar más (eviten imágenes obscenas jajaja), sobre esos aspectos que, en mi opinión, pueden ser los causantes de que haya tanta gente insatisfecha sexualmente. Y para esto retomo con un par de datos importantes sobre los beneficios del sexo. Vea pues pa’ que se antoje:

Hacer el delicioso ayuda a mejorar el aspecto de la piel, quema calorías, fortalece el corazón y la presión arterial, potencializa el sistema inmune y la salud vascular, ayuda a prevenir el cáncer de próstata y estás si o si más feliz. Los orgasmos producen, aparte del corrientazo y la tembladera en las piernas, un coctel de hormonas entre dopamina, serotonina, oxitocina, vasopresina. Unas ayudan a reducir el estrés e incrementar la autoestima, otras actúan como analgésico natural (niñas: El dolor de cabeza o dolor premestrual ya no es excusa), mejora el sueño entre un millón de beneficios más.

Ahora, si es tan chimba por dónde se le mire ¿Por qué putas la gran mayoría no están lo suficientemente comprometidos con ser mejores polvos, y en ese sentido, también dar mejores polvos? La respuesta en sí, es demasiado amplia, con mil aristas y densa de contestar, peeero, aquí de pronto puedo sacar unos rasgos generales:


Falta de amor propio:

Tengo toda una entrada dedicada a esto, y aún así me quedo corta al resaltar su importancia, sin embargo hago un par de acotaciones respecto a lo sexual. Por un lado, a las mujeres, históricamente, se nos ha vulnerado jodidamente la autoconfianza, la libertad, el placer, ¡la vida!. Nos llenaron de estereotipos, que hicieron que no tengamos la suficiente seguridad para amar nuestros cuerpos, nuestras cicatrices, nuestra piel; que constantemente estemos buscando cumplir los estándares de la sociedad, dando poder a opiniones que joden mucho más esa autoestima. En mi opinión, es una enfermedad crónica, donde los imposiciones sociales de cómo “hay que ser, hacer y verse”, nos han llevado a cohibirnos como un hijueputa, al punto de que estar en pelota delante de otra persona, es para muchas un tema muy complicado y que genera incluso problemas del tipo “No quiero que me vean desnuda, tiene que ser con la luz apagada, no me toques aquí o acá porque tengo este gordito o esta cicatriz”, fingir orgasmos, o evadir los encuentros sexuales.

Y así ¿quién disfruta pues del sexo? ¿Cómo hace uno para sentirse cómodo y relajado, disfrutando el momento – Situaciones necesarias para un orgasmo – si estoy pensando en todo ese montón de mierda de mi mism@?

Por otro lado, también es una vuelta que a los hombres y muchas veces en silencio les ha tocado sufrir. No se imaginan la cantidad de manes que viven acomplejados e inseguros por el tamaño de su pene (cómo si fuera todo), por su cuerpo, por esa presión social que han puesto sobre su respuesta viril y sexual, donde tienen que ser trotamundos en la cama y a la vez pensar en no venirse muy rápido, satisfacer a su pareja y/o no pasar por patán. He hablado con varios amigos y aunque les cuesta al principio reconocerlo, al final muchos han aceptado que eso jode y no poquito. Quizá hayan demasiados que aún no lo acepten, otros que ni se hayan dado cuenta que les pasa o les pasó, pero de que está ahí, está.

Tabú con la autoexploración, la masturbación y el autorreconocimiento del cuerpo

¡Jueputa! Y aquí sí que estamos jodid@s todos. Que vaina tan complicada es esto de los tabúes. Por una parte, a las mujeres nos prohibieron siempre desde niñas tocarnos, "¡Quite las manos de ahí!" le decía a uno la abuelita o la mamá, porque para las mujeres, culturalmente el placer NO es algo digno de merecer. Nos dijeron que no podíamos tocarnos, que era asqueroso, que eso no era para una niña "decente" y que no era vagina, sino "la cosita" ¡QUE PUTAS!. Y crecimos y no supimos reconocer qué eran esas sensaciones, esas cosquillitas, eso que resultaba cuando uno veía al que le gustaba. Muchas, cómo fue mi caso, tuvimos más curiosidad, sin embargo, no lo hicimos bien. Traspasamos ciertos límites que se tradujeron en traumas. Otras simplemente se creyeron ese cuento y hasta el sol de hoy, masturbarse y tocarse es toda una odisea. El tema es que no conocerse, no masturbarse, nos saber cómo tu cuerpo reacciona a ciertos estímulos, es pedirle a otro que maneje tu carro con los ojos vendados y pues... ya probablemente sabemos el resultado.


El puto tabú, además de todo, evolucionó, porque, aunque a los hombres no les prohibieron tocarse los genitales y la masturbación es tan normal para ellos, si les hicieron creer que su querido pipí es lo único que existe y tienen para dar y sentir placer. De ahí que muy pocos hombres se han preocupado por explorar el resto de su cuerpo para ver que otros puntos erógenos (de placer) tienen, porque no es "de machos" tocarse el cuerpo, mirarse en un espejo y reconocerse. Redujeron su placer únicamente al momento de eyacular y ya. Pero pana, déjeme decirle, hay muuuuuucho más detrás de una eyaculación y lo que puede llegar a sentir, no tiene punto de comparación, pero para eso hay que conocer esas zonas.


La vagina o el pene no son lo único que existe. Les boto un dato: los orgasmos son respuestas físicas a diferentes estímulos tánto físicos como mentales. Hay partes del cuerpo que son muy erógenas y que deberíamos conocer y reconocer. Hay que dedicar tiempo para tocarse todo el cuerpo, conocer sus genitales en un espejo, tener un vibrador que le ayude a identificar sensaciones, posiciones, formas en la que les gusta (Dato: Hombres, hay un antes y un después de conocer el poder de un vibrador en su guevitas… ¡vaya y pruebe!). Hay mil opciones. Masturbarse es natural, es demasiado necesario, es más, es CRÍTICO para usted poder tener un buen polvo, porque la persona que tiene al frente no es el genio de aladino, no siente por usted, así que no va a saber si a usted le gusta o no si no se lo comunicaaaa.



La morronguería

(100% dedicado a las mujeres). Sorry bizcochas y sorry si suena muy fuerte, pero esta vaina, aunque no aplica a todas, muchas no se salvan. Parce, hay que dejar de ser tan morrongas. De dárselas de yo no fui: “que yo no hago esto” “que no hago aquello” “que gas el oral”, y “que ni de riesgos tener sexo anal”. No mka, madure, deje de ser tan santurrona, dándoselas de no romper un plato y al final lo que es una vieja insatisfecha, sin poder disfrutar de sus orgasmos cómo debe ser.


El éxito del sexo es hablarlo abiertamente, es permitirse poco a poco experimentar sensaciones, nuevas prácticas, etc. Es dejar de ser asquienta y fastidiosa, y preocuparse por pedir placer y también darle placer a su pareja (ell@s también se merecen una tembladita de piernas con un buen oral). Hay que dejar ese vicio de echarse en una cama, a ser una vaca muerta y esperar a que el otro guevón vaya y haga todo por usted, porque usted no mueve un dedo, no se atreve a hacer cosas nuevas, no se conoce, no habla ni dice o ni sabe que le gusta, acto segido, lo que le hacen no la llena y después va y les dice a todas sus amigas que el man es muy mal polvo. ¡No sean tan descaradas! Responsabilícese, deje la pendejada. El sexo es todo lo rico del mundo y usted se lo está perdiendo, por no vivirlo con libertad, sin tanto misterio, tabú. Sin tanta maricada.


Una cultura conservadora, recatada y guiada por la prohibición:

Aunque esto ha ido cambiando en los últimos años, es realmente difícil borrar de la mente colectiva de la sociedad lo que por siglos nos hicieron creer y nos enseñaron. Otra cosa distinta hubiera sido hubiéramos nacido en la época del Imperio Romano, por poner un ejemplo más conocido. Donde aún el sexo no hacía corto circuito con las creencias y la religión no había halado sus hilos para transformar ese conexión con el más allá, en un acto de depravación, pecado y horror. Donde la desnudez era tan natural como tener ropa, el sexo no era concebido como un acto terrible y las diferentes religiones no habían empezado a marginar a las mujeres o ejercer control sobre sus seguidores, asociando el sexo a un pecado no bien visto por Dios. Prohibido.


Venga, de verdad, ¿A quién putas se le ocurre decir que hacer el delicioso es impuro, es algo que Dios no quiere que hagas y por eso te irás al infierno? Pues, se le ocurrió a algún tarado por allá hace como 22 siglos y lograron transformar el temor de Dios en una mierda que hoy por hoy jode completamente nuestra mente colectiva en cuanto a la manera en la que es percibido el sexo.


De ahí se desprenden que, aún todavía, haya personas para las que hablar de sexo es una barbarie. Papás (cómo los míos) que jamás fueron capaces de hablarle a sus hijos abiertamente y sin misterio, prefiriendo que aprendieran solos (o que no aprendieran) y cómo consecuencia, hubiera tantos jóvenes con enfermedades de transmisión sexual, niñas adolescentes embarazadas, mujeres que les da pena, asco y/o vergüenza masturbarse, y un montón de parejas con problemas sexuales bien jodidos. Ni modo de juzgarlos, eso fue lo que les enseñaron a ellos y eso fue lo que nos tocó.

Pero, si o si tenemos la responsabilidad de cambiar esa historia. De empezar a normalizar el sexo y tanto usted que está leyendo esto, cómo yo que lo estoy escribiendo, tenemos esa obligación con la sociedad de romper de una puta vez tantos tabúes que al final solo está logrando una cosa: Alejarnos de tener muy buenos polvos.

Sexo idealizado sobre expectativas basadas en el porno:

Esto no es nuevo. Y de manera antagónica con el punto anterior, cuando la industria del porno inició en su intención de crear una revolución ante esas teorías "pecaminosas" del sexo, lo que hicieron fue cargarnos aún más. En los últimos 50 años, las imágenes que tenemos del sexo son entre mucho, salidas de toda realidad. El porno no es más que acto meramente fingido, pre grabado, pre meditado, planeado y por ende IRREAL. Si, esos orgasmos llenos de gritos y de cosas super extravagantes, de viejas con cuerpos perfectos, tetas gigantes, vaginas perfectas, culos aún más enormes, que se vienen a chorros enormes, penes de tamaños irrisorios y escenas muy machistas, porque ha sido muy dirigido a dar placer al hombre, son mentira.


Entonces por un lado una sociedad conservadora les dice a unos que el sexo es un pecado, y por el otro, el porno les dice a los que no tragan entero, que el sexo es lo que muestran en sus películas. Es decir, y cómo lo dije antes, cagados y con el agua lejos.


Falta de comunicación con la pareja:

Hay verbo simple, pero bien poderoso: HABLAR de sexo con la pareja/flete, machuque, arrocito. Hay que, decirle lo que nos gusta y lo que no. Lo que queremos hacer y los límites que no queremos cruzar. Hay que PREGUNTAR cómo le gusta al otro, que espera del sexo esa persona. Tenemos que entender una cosa: ¡Nadie es adivino! Y pa' rematar, nadie es igual a otro, pues paila, no asuma que a su nueva pareja le gusta igual que a su ex. Gástese el tiempito, vuelva y haga la tarea de conocerl@. Si es un culito pasajero, parce simple: “ey vení que es lo que más te gusta hacer y que te hagan”, una pregunta tan sencilla como esas puede salvarlos de una muy mala experiencia.


Hablar con la pareja ayuda, incluso, a aumentar el deseo sexual, a crear fantasías (que son la gasolina de un orgasmo), a sentir mayor confianza con la otra persona y atreverse a hacer más cosas. Pero si no hablamos, el/la otr@ no va a tener ni puta idea pa’ donde va, ni que hacer y mucho menos como hacerlo bien y resulta como un niño intentado romper una piñata con los ojos vendados. Hablemos de sexo, y hágalo con tacto. Decir cuando nos gusta o cuando nos duele, cuando queremos o cuando no, si hay algo que está pasando, nos hace sentir mal y necesitamos quizá ayuda de un tercero. Dejemos de preocuparnos por decepcionar las expectativas o el “performance” de alguien. Usted vino a este mundo a pasar chimba, a culear bueno, a vivir feliz. ¡Hágalo! Pero quedarse callado, con seguridad no es el camino.


Conclusión

Al final todo esto termina siendo crónicas de un mal polvo anunciado. Tienen una correlación jodida entre sí, porque si no nos amamos lo suficiente para sentirnos cómodos en nuestra propia piel y ante otros, no vamos a darle importancia al placer y al sexo como una forma real de estar felices y plenos. Esto nos lleva entonces a no ver la necesidad de conocernos, masturbarnos, explorar cada rincón del cuerpo pa’ saber lo que nos gusta o no. Aparte, esa apatía ante el sexo y la morronguería, junto con esta cultura que ha llevado al sexo a un plano moralista asqueroso, nos impide disfrutar el polvito sin tantas ataduras emocionales y sociales. Súmele a eso, el hecho de que, si usted no estudia, no deja de creer que el sexo es la película porno de Nacho Vidal o Esperanza Gómez y se enfoca en realmente aprender lo que si funciona y lo que es real y que, para rematar no le dice ni mierda a su pareja por pena, susto, miedo, vergüenza o simple guevonada, pues caballeras y caballeros no habrá forma de salvarlos de un mal polvo.


Por eso, la invitación es a qué evalúen en que de estas cosas o de muchas otras usted está fallando y póngase como propósito este año de mejorarlas. El sexo es fundamental en una relación de pareja, una mala relación sexual con su amorcito puede dejar la mesa coja y de ahí para adelante el camino puede ser muy tortuoso. Denle al sexo la importancia que se merece. Dese a usted y a su placer el lugar que se merece. Eso al final es solo una muestra más de amor propio.


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